INTRODUCCION
El 5 de junio de 1981 se comunicaron los primeros casos de muerte por SIDA (Síndrome Inmunodeficiencia Adquirida). En 1984 los investigadores Gallo y Montagnier consiguieron aislar por primera vez el retrovirus responsable del SIDA, bautizado posteriormente como virus de la inmuno-deficiencia humana (VIH). La infección por el VIH es responsable de la pandemia (epidemia mundial) más importante del siglo XX.

Se trata de un virus de la familia retrovirus (subfamilia lentivirus) muy complejo a nivel estructural. La cubierta externa del VIH es un envoltorio de lípidos que proceden de la membrana celular. Destacan en la cubierta las glicoproteínas transmembrana virales gp41 y las glicoproteínas de cubierta gp120, que permiten la unión del VIH a las células diana. En su interior contiene dos hebras de acido ribonucleico (ARN) que constituye el material genético del VIH, y la enzima transcriptasa inversa (TI). El VIH necesita transformar su información genética, que está en forma de ARN en ADN a través de un proceso conocido como transcripción inversa mediante la enzima TI, para tras transcribirse a ADN poder integrarse en una segunda fase al ADN de la célula diana.
El VIH ataca el sistema inmunitario del paciente mediante la destrucción de los glóbulos blancos, de tal forma que a lo largo del avance de la infección el paciente llega a presentar un sistema inmunológico deprimido incapaz de defenderse frente a cualquier agente infeccioso. Al estadio avanzado de la enfermedad por VIH que coincide con un sistema inmunológico deprimido se conoce por SIDA. En esta situación el paciente puede sufrir infecciones oportunistas (se llaman infecciones oportunistas porque aprovechan la oportunidad de la inmunodepresión para atacar al paciente) que pueden llegar a provocarle serios problemas e incluso la muerte.
La aparición de los tratamientos antirretrovirales (TAR) a finales de la década de los noventa ha conseguido detener la enfermedad, ya que consigue suprimir la carga viral plasmática (CVP) presente en el paciente infectado y que su sistema inmunológico se recupere llegando a alcanzar niveles aceptables o incluso normales. De esta forma la incorporación de fármacos antirretrovirales al arsenal terapéutico han permitido que se disminuyan los casos de pacientes contagiados con VIH que llegaban a desarrollar SIDA. Otro tema distinto son los nuevos casos de contagio por VIH, que siguen produciéndose princi-palmente por la poca utilización de medidas preventivas como el uso del preservativo en relaciones sexuales entre pacientes contagiados (no conocedores de su enfermedad y por consiguiente sin estar con TAR) y el no intercambio de jeringuillas entre pacientes consumidores de drogas de uso parenteral. Es fundamental que desde la administración se sigan desarrollando campañas sanitarias de concienciación social para conseguir reducir el número de nuevos contagios.
