DIAGNÓSTICO Y PRESENTACIÓN CLÍNICA
Las pruebas para el diagnostico precoz se deben ofrecer a todas las personas que pueden estar en contacto con la infección (personas con conducta sexual de riesgo, consumidores de drogas vía parenteral, personal sanitario, etc). Estas pruebas son voluntarias y anónimas, convirtiéndose en pruebas obligatorias en los casos de donación de sangre, trasplantes y técnicas de reproducción asistida.
En aquellas personas que presentan signos o síntomas de infección por VIH es necesario realizarla por prescripción médica. Es el caso de las enfermedades definitorias de SIDA, si una persona presenta alguna de ellas y no tiene una prueba positiva de VIH en su historia clínica es necesario hacérsela (Véase Tabla 1).
Tabla 1: Enfermedades definitorias de SIDA

Para el diagnostico se realizará una extracción de sangre a la cual se le aplicará una técnica de Enzyme-Linked ImmunoSorbent Assay (ELISA) de 4ª generación, que incluye la determinación simultánea de anticuerpos (anti-VIH-1 y anti-VIH-2) y de antígeno p24 del VIH-1. Un resultado positivo siempre requerirá una confirmación posterior.
En aquellos pacientes diagnosticados por VIH, el médico solicitará análisis generales que incluirán hemograma, bioquímica básica, y estudio serológico (VHB, VHC, toxoplasma, citomegalovirus, sífilis). En relación a la infección por el propio VIH, se efectuará un recuento de linfocitos CD4+, CVP y un estudio genotípico de resistencias.
El recuento de linfocitos CD4+ y la CVP se utilizan para monitorizar la efectividad del TAR y tomar decisiones respecto a cambios del tratamiento.